Una vez, después de haber
terminado de rendir el primer parcial de Macroeconomía II con Heymann, me dijo:
si aprobamos, salimos a comer juntos?
Acepté sin dudarlo, y me aseguré inclusive de que cuando dijo aprobar no era
necesariamente arriba de 7, el parcial había sido muy complicado y no me sentía
tan confiada como para arriesgar LA salida por un desliz académico.
A los días (por suerte la
corrección era rápida) recibimos la nota. Habíamos aprobado. Era hora de
cumplir la promesa. Después de un intento fallido por razones físicas (el señor
se había esguinzado y no podía manejar), establecimos lugar y fecha, y salimos
juntos por primera vez.
Hace 7 años de ese día. Mucha agua
corrió bajo el puente, momentos hermosos, y otros de mierda. Pasaron diferentes
lugares, aventuras, trabajos, compañeros, amigos, casas y proyectos. No podría
enumerar. Realmente fueron 7 años llenos de historia e historias.
Es extraño, a pesar de que
parezca apresurado que “contemos” desde ese día, por mucho que lo pensamos, no pudimos pensar
en otra fecha para celebrar nuestro encuentro. Desde ese día sabíamos que queríamos
estar juntos. Simplemente sin darnos cuenta nos metimos cada uno en la vida del
otro y comenzamos a formar parte, compartimos y llegamos hasta acá.
La vida no es un lecho de rosas, las relaciones claramente no son perfectas y distan mucho de serlo. Esta relación
no es la excepción a esa regla tampoco. Nadie tiene el secreto de la felicidad, ni esa receta mágica que asegura el amor eterno e incondicional. Son palabras, y a las palabras se las lleva el viento y las desgasta el tiempo. Yo prefiero elegir cada día, a cada paso. Lo elegí hace 7 años y cuando me
despierto y lo veo acostado ocupando el lado derecho de mi cama, soy feliz y lo
vuelvo a elegir.
MI